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Sábado 21 de Septiembre del 2019

Cultura

En 1949, hace ya 70 años, se publicó «El Aleph», libro emblemático de Borges

Ago 23, 2019, 11:35

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Foto: Twitter. A siete décadas de su aparición, esta obra fundamental de la literatura hispanoamericana, y aun universal, sigue siendo referencia.

Redacción / La Voz de Michoacán

Ciudad de México. En 1949, hace ya 70 años, salió publicado por vez primera, bajo el sello de Editorial Losada, «El Aleph», libro emblemático del escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986).

Esa primera edición constaba de 14 cuentos: «El inmortal», «El muerto», «Los teólogos», «Historia del guerrero y de la cautiva», «Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)», «Emma Zunz», «La casa de Asterión», «La otra muerte», «Deutsches Requiem», «La busca de Averroes», «El Zahir», «La escritura del dios», «El Aleph» y «La intrusa».

En la segunda edición (1952), y según apunta el mismo Borges en una posdata al Epílogo de 1949, se añadieron cuatro cuentos: «Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto», «Los dos reyes y los dos laberintos», «La espera» y «El hombre en el umbral».

A siete décadas de su aparición, esta obra fundamental de la literatura hispanoamericana, y aun universal, sigue despertando el interés y la admiración de los lectores. Pero, ¿por qué?

Yo creo que se trata, junto con «Ficciones», publicado cinco años antes, del libro más famoso y leído de Borges. Sobre todo es el libro que la crítica considera más importante en el sentido de que en él se consolida una estética de lo que podría llamarse la narrativa borgeana», afirma Alejandra Giovanna Amatto Cuña, profesora e investigadora de la licenciatura y el posgrado en Estudios Latinoamericanos (área de Literatura Hispanoamericana) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

Década decisiva

La década de los años 40 del siglo pasado fue decisiva para la narrativa borgeana. En 1944 tomó vuelo con «Ficciones» y en 1949 alcanzó su punto máximo, la cumbre, con «El Aleph».

En cuanto a «Ficciones», salió a la luz en un momento en el que Borges y otros escritores argentinos tenían la intención de romper con el paradigma realista que imperaba entonces en la literatura hispanoamericana en general (no hay que olvidar que en 1940, con Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, había publicado la «Antología de la literatura fantástica»).

«Como su título lo sugiere, ‘Ficciones’ es una especie de juego con el lector, en el que Borges le dice: ‘Mira, esto que te estoy mostrando son ‘Ficciones’, invenciones’. Así, a partir de estrategias que van de lo fantástico a lo policial, generó un quiebre con una tradición que se afincaba en el realismo», indica Amatto Cuña.
Por lo que se refiere a «El Aleph», muchos de sus cuentos se relacionan con lo fantástico, pero también hay en ellos una sustancia de carácter filosófico, teológico, universalista y erudito que Borges despliega magistralmente.

«Yo diría que en ‘El Aleph’ se percibe una maduración en los temas que paradójicamente resalta su aspecto fantástico y les otorga, desde otro ángulo, unos niveles de mayor densidad y profundidad que no se encuentran en ‘Ficciones'», añade la académica universitaria.

Obra de arte

Casi todos los cuentos de «El Aleph» se desarrollan en un ambiente realista en el que, de pronto, se abren pequeñas grietas por donde se cuelan y surgen elementos fantásticos que rompen con la lógica de la realidad.

«Hay diferentes divisiones que se pueden hacer en el corpus de ‘El Aleph’. ‘El inmortal’, por citar un caso, es un cuento que se mueve en las coordenadas de la fantasía y la erudición borgeana, y que aborda un tema común: el deseo del ser humano por conseguir la inmortalidad. Y cuando se da cuenta de que la inmortalidad implica, de alguna manera, la no trascendencia, porque lo que nos hace trascender en el mundo es la certeza de saber que somos mortales y tenemos un tiempo limitado que nos debe servir para hacer cosas destacadas, el personaje busca revertir el efecto de la inmortalidad. En este cuento, Borges juega precisamente, dentro de la tradición de lo fantástico, con una construcción realista en la que de repente irrumpe un suceso insólito que la violentará. Pero en ‘El Aleph’ también hallamos cuentos como ‘El muerto’, ‘Emma Zunz’ y ‘Deutsches Requiem’, que se mueven en las coordenadas del realismo».

Por encima de los demás cuentos de esta colección se erige, esplendente, «El Aleph», uno de los más trascendentales de la literatura de todas las épocas. En 1945 se publicó por vez primera en la revista literaria Sur (fundada en 1931 por Victoria Ocampo); en 1949 formó parte del libro homónimo; y en 1961 fue sometido, por Borges, a una revisión.

«El hecho de que un cuento sea homónimo de un libro obedece a que el autor quiere destacarlo porque considera que simboliza la esencia de los demás cuentos comprendidos en dicho libro. Por supuesto, ‘El Aleph’ es el cuento que lo tiene todo, entre otras cosas, la sátira del mundillo literario en la Argentina de la segunda mitad de los 40, representado por el poeta Carlos Argentino Daneri, así como de la socialité que se vinculaba con el mundo intelectual, representada por Beatriz Viterbo; pero también un tema asombroso: el de ‘El Aleph’, ese prodigioso objeto que permite contemplar al mismo tiempo, desde todas las perspectivas posibles, todos los objetos del universo. Sin duda es el cuento que condensa todos y cada uno de los elementos que de aquí en adelante serán distintivos de la literatura de Borges. Realmente es una obra de arte, un texto excepcional que se seguirá leyendo y estudiando porque contiene una riqueza literaria inagotable», dice Amatto Cuña.

Lectura fascinante

¿La lectura de «El Aleph» puede complicarse para alguien que nunca se ha acercado a la literatura de Borges? La académica de la UNAM responde: «Me gusta hacer la distinción entre lo que es difícil y lo que es complejo. Yo creo que Borges no es un autor difícil, sino complejo, y sí, en efecto: si uno le entrega a un joven de secundaria un cuento como ‘El inmortal’, que hace referencias a la ‘Iliada’ y exige cierto nivel de erudición, y no hay un acompañamiento en su lectura, no ganaremos un lector de la literatura borgeana… A pesar de todo, ‘El inmortal’ se puede leer sin haber leído la ‘Iliada’, aunque ciertamente se disfrutará mucho más si se rastrean sus referencias. En cambio, otros cuentos de ‘El Aleph’, en especial los de carácter realista, no presentan mayor complejidad, lo cual no significa que sean menos buenos. Ahora bien, el libro, en su totalidad, requiere una lectura atenta, incluso acompañada de un diccionario. Y cuando se logra transitar por sus páginas, esta lectura atenta se vuelve fascinante».
Acusación injusta

En su literatura, Borges propone mundos que activan nuestra capacidad intelectual y nos hacen repensar el mundo en que vivimos. No obstante, en varias ocasiones se le acusó de ser un escritor alejado de los problemas sociales.

«Esta acusación es muy injusta porque él pensó que la literatura también era un medio para combatir la violencia, la discriminación, los autoritarismos, los totalitarismos… ‘Deutsches Requiem’ es un ejemplo de eso. A Borges le importaba mucho la literatura como un espacio de crítica y reflexión. Por eso, los 70 años de ‘El Aleph’ son una magnífica oportunidad para reencontrarnos con este libro, pero asimismo con su idea de que la literatura puede volvernos más críticos, reflexivos y sensibles», finaliza Amatto Cuña.

«El Aleph» engordado

Hace algunos años, el escritor argentino Pablo Katchadjian publicó «El Aleph engordado», una versión aumentada -muy aumentada- del cuento «El Aleph», de Borges (su método de trabajo consistió en agregarle palabras o frases al original, esto es, «engordarlo»). Al respecto, Amatto Cuña comenta: «Ese caso dio origen a una gran controversia en Argentina, principalmente por la cuestión de los derechos de autor. Por lo demás, que un escritor como Katchadjian haya llevado a cabo este experimento tantos años después de la publicación de ‘El Aleph’, corrobora que éste sigue siendo un cuento absolutamente vigente, de referencia. Quizás a Borges le hubiera parecido singular, hasta simpático, ‘El Aleph engordado’, porque él también entendía la literatura como un gran palimpsesto, como el resultado de una contribución colectiva».

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