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Martes 18 de Junio del 2019

Ciencia y Tecnología,Morelia

Ciencia para niños y sus papás

Feb 21, 2015, 17:34

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Al afirmar que cada ser humano alberga en su interior 2000 tipos diferentes de bacterias, la investigadora Alejandra Ochoa Zarzosa captó el interés de grandes y pequeños al hablar del tema “Un universo en nuestro interior”, dentro de las charlas de Ciencia para niñ@s y sus papás, llevada a cabo al mediodía de hoy en el Centro de Información, Arte y Cultura (CIAC) de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Cuando nace un bebé no tiene ninguna bacteria ya que el útero materno mantiene un ambiente totalmente estéril al pequeño, pero una vez transcurridos 20 minutos, entre besos y alimentación el pequeño contiene ya miles de bacterias propias de la familia a la cual pertenece y hasta de la mascota de la casa, lo cual no es malo, aseveró la investigadora, “ya que todos los seres vivos, desde las plantas hasta los seres humanos requerimos de bacterias buenas que nos ayuden a desempeñar correctamente las funciones de nuestro organismo”.

Las bacterias existen en el ambiente, como pequeños seres vivos, entran a nuestro organismo por la boca, la piel, las fosas nasales, los ojos y la nariz y en nuestro interior se reproducen en colonias manteniendo un equilibrio entre aquellos microorganismos que pueden dañarnos y ellas mismas, ayudando así a nuestro sistema inmune”.

A través de varias proyecciones, los pequeños y sus padres pudieron apreciar el aspecto de las bacterias, con formas de espiral, de bastón o de cocos, “tenemos aproximadamente 100 millones de bacterias cada uno de nosotros, se les denomina flora o microbiota, cumplen con una función vital dentro de nosotros: mantenernos sanos y libres de enfermedades principalmente intestinales, urinarias y de las vías respiratorias”.

Sin embargo, aclaró, “existen lugares en nuestro cuerpo que por ningún motivo pueden albergar bacterias: el cerebro, el corazón y el sistema circulatorio, de tenerlas, enfermaríamos gravemente”. Posterior a la explicación, la doctora invitó a los presentes a acercarse para apreciar en cajas de petri (o de cultivo) varias colonias de bacterias que pueden verse a simple vista, “en esta forma es como nosotros los investigadores las observamos y vemos como reaccionan ante diferentes enfermedades”, dijo.

La científica nicoalita agregó que cuando un ser humano se enferma, es porque su microbiota no está recibiendo la alimentación adecuada, esto es, la persona no come alimentos vivos como frutas, verduras crudas y yougurt, que ayudan a que lo que conocemos también como flora intestinal se reproduzca adecuadamente, “además, el estrés, una alimentación deficiente, el cansancio y  la automedicación de antibióticos hacen que se debilite nuestra microbiota y nos enfermemos”.

Alejandra Ochoa, ejemplificó cómo ayuda la microbiota a la buena digestión con el caso de las vacas, que tienen cuatro estómagos y las termitas, que comen madera, ambas especies no podrían digerir sus alimentos si no tuvieran una microbiota sana.

Al final de la charla hubo preguntas y obsequios para los asistentes, demás de figuras de bacterias para que los pequeños las llevaran a casa y las iluminaran.

La nicolaita Alejandra Ochoa Zarzosa, obtuvo el grado de doctora en Ciencias en la UNAM, está adscrita como profesora investigadora a la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y cuenta con un laboratorio en el Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología.

El interés principal de investigación de la doctora es el estudio de la respuesta inmune innata (primera barrera de defensa de las células) durante la interacción con un virus o bacteria. Hace varios años que estudia el efecto que ejercen pequeñas moléculas de defensa producidos por plantas en el organismo humano.  Esta investigación es de gran importancia para la Casa de Hidalgo, debido a su alcance internacional, ya que es apoyada por el International Centre for Genetic Engineering and Biotechnology (ICGEB, Trieste, Italia).

Los resultados que se desprendan de sus investigaciones, además de generar nuevos conocimientos sobre el funcionamiento molecular del cuerpo humano, contribuyen al desarrollo de nuevos fármacos, más eficientes para combatir las infecciones.

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