La casa del jabonero

La Voz de Michoacán. Las últimas noticias, hoy.

Escupir para arriba

 Jorge A. Amaral

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 Por ser de partidos distintos y en aquel momento antagónicos, el entonces gobernador del estado, Leonel Godoy, no tenía una buena relación con quien en aquel momento encabezaba el Poder Ejecutivo federal, Felipe Calderón. Esa mala relación se vio aún más enrarecida por las sospechas que entonces pesaban sobre el gobierno del estado referentes a la colusión con el crimen organizado y que devinieron en el “Michoacanazo”, operativo en el que los tintes políticos fueron más claros que los fines de apaciguar al estado, y eso se notó pues los detenidos, uno a uno, fueron saliendo de prisión ante la debilidad de las acusaciones y lo mal sustentadas que estuvieron las averiguaciones previas.

Algo similar está pasando hoy entre el actual gobernador del estado, Silvano Aureoles, y el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Pero a diferencia de hace doce años, en esta ocasión no son los temas de seguridad pública los que hacen ríspida la relación, al menos ya no tanto. Ahora lo que enturbia la coordinación y cooperación entre ambos órdenes de gobierno son las diferencias políticas y los rencores ganados a pulso.

Es de recordar que desde antes de ser candidato a la gubernatura, Silvano Aureoles ya tenía una muy buena relación con el gobierno del priista Enrique Peña Nieto, lo que le valió la creencia popular de que en realidad el entonces presidente y su equipo le habían, por decirlo de alguna manera, regalado la elección, pues necesitaban alguien afín y dócil para mantener el control conseguido previamente con la intervención de Alfredo Castillo. Eso suena muy conspiranoico y no está verificado, pero sabiendo que los políticos hacen la mitad de lo que dicen y dicen la mitad de lo que hacen, no suena descabellado, sobre todo si tenemos en consideración la mansedumbre que el gobernador siempre mostró hacia el gobierno peñista y hasta el respaldo expresado al entonces candidato presidencial priista José Antonio Meade.

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Pero antes de la elección, cuando el gobernador quería encabezar la coalición entre su partido y el PAN, empezó la contracampaña hacia López Obrador, y Silvano dijo, se mofó, despotricó, llamó demente a quien apoyara al tabasqueño. Siendo gobernador constitucional, se portó como candidato, con el riesgo latente de que AMLO ganara la elección, lo que finalmente sucedió. El gobernador además criticó duramente a Roberto Pantoja y su posible designación como “superdelegado”, lo que, también, finalmente sucedió. Entonces hoy tenemos a un gobernador peleado con el presidente y con el representante federal en el estado, y esto, aunque no lo reconozca, lo tiene atado de manos porque la mala relación con el gobierno federal influye en las gestiones, en el respaldo, en las negociaciones que la Federación hace directamente con la CNTE sin considerar al estado.

El gobernador es un sujeto impulsivo, que dice y hace con arrebatos, que se deja llevar por la pasión del momento, y eso es lo que lo tiene en la actual posición, y es que se quedó mal acostumbrado a que la Federación lo apoyaba por ser uno de sus mejores alfiles, pero hoy, con todos los rencores que ha venido sembrando desde hace tiempo, es lógico que no le perdonen las ofensas y agravios hacia el presidente y su emisario en el estado, y más con un Congreso local que no está a su entera disposición, a menos que haya un bloque antimorenista.

Todo lo anterior hace pensar que, o el gobernador es muy necio o de plano está rodeado no de asesores, sino de lambiscones que le dicen lo que él quiere escuchar y se ríen de los chistes que hace el patrón aunque sean malos o de mal gusto.

Con esto no quiero decir que el gobernador deba ser servil al presidente, como lo fue en el pasado, sino que hay que ser inteligentes y, como funcionario, no pelearse con el que lo puede sacar del atolladero, pues hay que tener muy presente que Michoacán no es precisamente un estado próspero, sino por el contrario, es una entidad que sobrevive gracias a las participaciones federales y que por eso tiene serias carencias en seguridad, educación, salud y desarrollo económico.

Además, hay otra cosa que no hay que obviar: Morena es un partido fundado con rencor hacia el PRD, el PAN y el PRI, vaya, la famosa mafia del poder, por lo que los morenistas obradoristas nunca verán con buenos ojos al gobernador y su grupo político, que tanto los han atacado.

El panorama se complica más si a todo lo anterior le sumamos un líder estatal perredista que convoca a los medios solamente para hablar mal del gobierno federal, sin buscar, como líder, llegar a acuerdos, buscar consenso con su homólogo morenista para facilitarle el camino de las gestiones y el cabildeo con los legisladores a su patrón. Pero Antonio Soto no hará eso, a él le gusta hacer stand up, no política.

En fin, no podemos ir por la vida peleando con quienes tienen el control político y económico, no podemos entrar en pleitos con quien puede sacarnos del arenero. Por fortuna el gobernador ya está mostrando un poco más de disposición, a sabiendas de que necesita el apoyo. Ya veremos en qué acaba la novela, porque por lo pronto son miles de estudiantes los que no tienen clases y trabajadores de la educación que no han recibido lo que por ley, justa o injustamente, les corresponde. Al tiempo.

 

Con él, no

 

Ante la situación que priva en el estado y el viaje a Europa del gobernador, obviamente las reacciones no se hicieron esperar, así que además de las protestas sindicales en las calles, el presidente lanzó sus dardos y en la arena virtual de las redes sociales empezó el escarnio hacia el Aureoles Conejo y por ese medio la gente sacó su coraje y frustración hacia la administración estatal y quien la encabeza.

Para contrarrestar los ataques en las redes, el gobierno estatal ideó hacer contracampaña, y entonces, funcionarios y empleados de gobierno publicaron que ellos respaldan al gobernador, que le dan todo su apoyo, y hasta crearon un hashtag alusivo al desmedido amor que los burócratas le tienen a su patrón.

No los culpo, de ahí viven, pero un gobierno no se defiende a tuitazos o facebookazos lanzados ante la ingobernabilidad; se defiende con trabajo, con resultados tangibles, con políticas que impacten de forma positiva a la sociedad a la cual se gobierna.

Dice el dicho que no se puede chiflar y comer pinole, esperemos que el gobernador deje los silbidos y asuma los problemas del estado que, aunque no quiera, sí son su responsabilidad. Es cuánto.