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Lunes 19 de Agosto del 2019

Jorge A. Amaral

La casa del jabonero

Jorge A. Amaral

Jul 18, 2019, 15:52

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Hablar bonito del estado

Jorge A. Amaral

Hablando de autoritarios, esta semana el gobernador del estado pidió a los medios que hablen bien del estado, que digan las cosas buenas y bonitas que suceden para que vengan más turistas a dejar sus jugosas visitas y arrojarnos su suculenta derrama económica, y si los medios no resaltan sólo lo positivo, él ya no va a dar entrevistas a la prensa, se va a poner en huelga, se va a quedar mudo.

A ver, empecemos: Michoacán tiene ocho Pueblos Mágicos, todos ellos hermosos; se realizan importantes festivales artísticos y culturales, hay portentosas playas y bellísimos ecosistemas de ensueño para el turismo de aventura, además de que el Centro de Morelia es poco más que orgásmico. Todo ello hace de Michoacán el alma de México, porque el estado celebra la vida. Perfecto, suena padrísimo.

Pero este estado tan lleno de riquezas culturales, gastronómicas y naturales es el mismo donde los trabajadores de la Junta de Caminos están en el limbo porque ni los liquidan ni les pagan y su fuente de trabajo está por desaparecer. Esas 400 plazas laborales que se están recortando, más que números fríos, son 400 personas que se están quedando sin su empleo, lo que implica 400 familias sin sustento, familias michoacanas a las que hay que ver si están de acuerdo con el gobernador a la hora de pagar las cuentas, a la hora de comprar comida, mandar a sus hijos a la escuela o llevarlos al médico. Eso, por un lado; por el otro, la violencia que se vive en el estado, que es el mismo bello Michoacán en el que aparecen 5 ejecutados en una casa de Morelia, el mismo donde un niño de Uruapan muere por una bala “perdida” a raíz de una balacera y a los dos días dejan un desmembrado; es el Michoacán donde está Zamora, ciudad que cada día tiene mínimo un ejecutado a balazos, igual que Jacona y la zona de Lázaro Cárdenas. Estamos hablando del estado donde Viagras, Cártel de Jalisco y remanentes de otros grupos se disputan el control mediante una carnicería, eso sin contar los delitos del fuero común.

Cierto, Michoacán celebra la vida porque todos los días es día de muertos, y así ni cómo alegar o, como dijo Pepe El Toro, “ni hablar mujer, traes puñal”.

¿Prohibir el reguetón?

Esta semana causó furor la nota sobre que en España se había prohibido el reguetón. En un amplio sector eso fue motivo de alegría y celebración y de inmediato empezaron los cuestionamientos sobre que en México para cuándo.

Pues no, no lo prohibieron en España, fue el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, en Cádiz, que se prohibió escuchar este género durante la festividad local del Domingo Rociero, que fue el pasado 14 de julio. La intención de las autoridades fue que, al ser una festividad representativa de la ciudad, una tradición de sus habitantes, se mantuviera ese espíritu, por lo cual en la fiesta sólo debía escucharse flamenco, sevillanas y demás música tradicional española. Y sí, había multas para quien pusiera a alto volumen música reguetón.

Esto hubiera pasado sin mayor trascendencia si no se hubieran alzado las voces que pugnaron por que esta prohibición fuera una realidad y el reguetón pasara al catálogo de la música proscrita.

El argumento de quienes se pronunciaron en favor de una medida restrictiva de esta naturaleza es que el reguetón es una música sexista y pobre de contenido tanto lírico como musical, lo cual en gran medida es cierto, pero el hecho de que no nos satisfaga o simplemente no nos llene como género no nos da el derecho a prohibirlo.

En diferentes países se han intentado medidas de esta naturaleza, como Guatemala y Perú, y la pregunta es si después de adoptada la medida, las condiciones de la ciudadanía mejoraron. Al final  una prohibición de esta naturaleza no será más que un reflejo de autoritarismo y censura a la sociedad, como en las décadas de los 70 y 80 en Latinoamérica, cuyas repúblicas bananeras persiguieron todo lo que sonara a rock: en México lo mandaron a los hoyos funky y nunca dejó de escucharse, tocarse y venderse, en tanto que en lugares como Perú se mimetizó y confundió camaleónicamente, dando lugar a la cumbia psicodélica o cumbia chicha, que bien valdría considerarla otra forma de rock.

En fin, nada se lograría si se prohibiera el reguetón, porque proscribiendo un género musical no se reducirá la violencia de género, pues así como las ejecuciones no se dan por el narcocorrido, la violencia de género no es provocada por el reguetón, sino que éste sólo refleja una realidad, una idiosincrasia, que es lo que hay que atacar, porque el árbol se tumba desde el tronco, no desde las ramas. Es cuánto.

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