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Martes 22 de Octubre del 2019

Mateo Calvillo Paz-Opinión

Opinión 2-01-01

LA GRAN TAREA EN EL AÑO NUEVO

Mateo Calvillo Paz

Ene 12, 2019, 9:52

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Quisiera aportarles, amigos lectores, una lucecita en este Año Nuevo, así sea como el punto de una galaxia. Ustedes merecen mucho más. Hay tantos tesoros escondidos que podemos compartir.

 

Hay líderes y movimientos que saben muy bien ganar elecciones, muchas veces no saben gobernar, ni tienen una visión de país ni una filosofía del bien común.

López obrador criticó abiertamente al tribunal electoral por reconocer el triunfo de Erica. Hay inconformidad, sospecha en el accidente que acabó con la vida de la gobernadora y su esposo. Es una sombra que no se podrán quitar.

También es difícil que un pueblo madure para construir su país en un régimen democrático. Hay amplísimos sectores mantenidos en la postración, que se traduce en ignorancia, debilidad, vulnerabilidad, indefensión. son los que llevan a veces al triunfo a un candidato.

Los ciudadanos no participan ni se defienden del abuso mañoso y ruin que hacen los partidos. No controlan a los servidores públicos, les permiten toda clase de crímenes y votan por los viciosos. Como consecuencia, la democracia es un desastre, una simulación. El pueblo no ha crecido libre, soberana, como se ha pregonado en la revolución e independencia, en la pretendida transformación.

En las democracias desarrolladas, de tienen una población más madura no le dan todo a un partido, votan por el ejecutivo en un partido y por el legislativo de la oposición.

 

Hay que calificar la democracia que tenemos, para analizar realmente lo que vale, o si merezca dos o cero como calificación.

Darle educación cívica a las mayorías.

Entender la democracia no como un fin en sí sino como un camino para alcanzar el bien común y el bienestar de la nación.

Que el pueblo tome posesión de todos los puestos de poder, que no sea un decir. El presidente es un “gasto”, así como los servidores públicos de todos los órdenes y niveles.

 

La inmensa mayoría de mexicanos católicos, creyentes o personas de altos valores morales necesita un presidente que sea estadista, poseedor de una cosmovisión o del proyecto de Dios sobre el universo y la persona humana.

Se habría que la única autoridad sobre el universo y el país es Dios. Como para Israel, así para los creyentes el único señor y gobernante es Dios. En Israel el rey es elegido y consagrado por Yavé. Deberá ser presente ante el pueblo su señorío y su proyecto para los hombres. “Deberá hacerse defensor de los débiles y asegurar la justicia” . No la justicia de su capricho o de “dedito” sino la justicia divina, universal, inmutable.

Esta visión hace presidentes grandes y humildes a la vez. Porque la historia los gobiernos decepcionan y el pueblo se quede esperando que le cumplan sus esperanzas. Nuestra historia política también tiene decepciones y el pueblo sigue esperando un gobierno de realización las y no de discursos fantásticos.

Las miradas se vuelven, no los mesías políticos, que no se conocen a sí mismos y tienen pretensiones mesiánicas. Las miradas se vuelven al Mesías, cuando le establezca su dominio sobre las almas, el reino de verdad y de justicia, del amor que se despojen de todo y entrega su vida por los humildes.

El modelo es Cristo su vida, su altísimo código de moral, su humildad, que sanar a los enfermos y libera a los depresivos, le pobre autoestima, de postración.

 

Con este transfondo de ideas, aparecen nítidamente algunas verdades de la democracia:

En democracia, el poder se comparte en la Constitución y en los hechos. Hay división de poderes, distintos partidos en el poder en los distintos niveles: estados, municipios. Sin Dios. Vida en democracia supone la diversidad en el poder la alternancia y distintas opciones de gestión.

Cuando el partido mayoritario quiere ser único y absorbe al poder legislativo, cuando no sabe perder y quiere ganar todas las elecciones, todos los espacios, no construye democracia sino un estado totalitario.

Volvemos a los buenos años del PRI. Yo viví en Europa muchos años y México era visto por todos, simplemente como una dictadura de partido.

Los mexicanos libres, también los del Movimiento en el poder, deben salvaguardar la democracia. De lo contrario, en vez de transformación es involución y volvemos al pasado priísta.

 

 

 

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