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Jueves 19 de Septiembre del 2019

Mateo Calvillo Paz

El presidente y los mexicanosante el cambio

Mateo Calvillo Paz

Sep 23, 2018, 0:12

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Mateo Calvillo paz

Vivimos una situación de desamparo , el crimen golpea de las autoridades están ausentes, necesitamos cambiar para bien, pero, ¿quién podrá ayudarnos?

Vivimos en la angustia y desesperanza por la situación de injusticia y de traición, de muerte e impunidad, de duelo de indignación de distancia enorme entre el gran pueblo y la elite de sus dirigentes.

Todos deseamos el cambio, pero en la verdad y para el bien de todos los mexicanos hasta los más humildes. La denuncia de la falsedad, el autoritarismo y los intereses facciosos y mezquinos es necesaria para el cambio.

Queremos luchar por el cambio, si es necesario denunciando a los enemigos agazapados, de la clase humilde.

Que los dirigentes, mareados en su arrogancia, no se crean diosecillos sobre la ley, que su palabra es la ley y su capricho el fundamento de las grandes acciones.

Queremos confiar en el presidente siempre que él tenga la verdad y no “envuelva” a los sencillos con sus artes populistas, manejando astutamente las necesidades de la gente y aprovechándose de su sencillez e ignorancia. Delito abominable.

El bien debe ser para todos los mexicanos, no sólo de la clase privilegiada también del pueblo humilde, para los sin voz.

Jorge Martínez ha sufrido muchísimo, por la pobreza, el desempleo, la inseguridad, los asaltos… Qué no ha sufrido su familia pobre desde hace mucho tiempo, votó por López obrador sin convicción porque le ofrecieron $3000. En realidad, está escéptico, ya no creen en las promesas de la clase dirigente que siempre ha mentido.

Yo deseo el cambio, pero quiero ser realista y esperar si hay bases firmes. El entusiasmo de mucha gente, en realidad, no fue por el cambio sino por la llegada de un partido nuevo, con la euforia del triunfo y del botín. Es un poco la embriaguez del momento triunfal, largamente esperado por alguien que quiere el poder. La gente humilde, sin muchas defensas se dejó arrastrar por el entusiasmo.

La decepción va a ser terrible, el impacto va a ser profundo y total en el ánimo de la gente, que ha creído, que ya no puede más con el sufrimiento físico y moral, azotados por la corrupción, empobrecidos por las clases dirigentes que se designan salarios tan injustos como escandalosos. ¿Con qué criterios se asignan miles y miles de pesos por mes, no que quieren “amor y paz para la gente y que se mueren de deseos de servir a los más pobres y mugrosos?

Es un crimen de lesa majestad jugar así con la sencillez y la fe del pueblo humilde con las artes maquiavélicas del populismo seductor, falso, perverso. Es una actitud diabólica.

El gobierno electo plantea el cambio en forma parcial, inmediatista, finalmente desenfocado. La corrupción no se combate con la misma gente que ha estado en el poder.

Las soluciones que se proponen son engañosas: las inversiones en dólares, la producción, el comercio floreciente traen riqueza y placer en la macroeconomía, a los privilegiados del dinero. Nitraen la felicidad integral del cuerpo y del espíritu a todos.

La primera crisis es la moral, en un código de moral deben sentarse para finalmente vencer la corrupción.

Hay una buena noticia como una luz penetrante que rasga las sombras más negras del mal y del sufrimiento. Podemos salir de la crisis, no como lo proponen l la clase política, los gobernantes. Hay otros caminos: el trabajo, la sencillez, la austeridad y el desprendimiento, la libertad frente a las ambiciones mezquinas de riqueza y placer.

Pero también hay otro camino que nos reta, por el que debemos transitar: debemos ser grandes, con conciencia clara del valor infinito del más humilde de los mexicanos. Debemos levantarnos de una situación de postración, de debilidad física y moral, de autoestima deshecha y de tantas miserias de los hermanos de la pobreza, la ignorancia, el vicio de los mexicanos del tercero y del cuarto mundo.

Tenemos el reto de encontrarnos con nosotros mismos, de descubrir el tesoro de cualidades y potencialidades que duermen en nosotros, cada uno de nosotros es un príncipe, más aún un hijo de Dios que levanta la cabeza para no dejarse humillar ni engañar ni pisotear.

Así cambiaremos la faz del país y construiremos, nosotros mismos un mundo sin corrupción sin la tiranía de las clases dirigentes, sin tanta mentira e injusticia.

Dios, Creador y Padre tiene un sueño de grandeza para cada uno de los mexicanos.

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