Las joyas de Clemente Orozco que "brillan" en Jiquilpan, Michoacán

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Foto: Michoacán Travel. En Jiquilpan se pueden encontrar grandes obras del artista mexicano José Clemente Orozco.

José Luis Ceja/ La Voz de Michoacán

 

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Jiquilpan, Michoacán. Los murales de José Clemente Orozco en Jiquilpan, son quizá su único trabajo en el que se permitió expresar su propia visión y sentir sobre la Revolución Mexicana. Los mismos han convertido a la Biblioteca Pública municipal en uno de los atractivos turísticos e históricos de Jiquilpan, que han sido apreciados por mexicanos y extranjeros.

Los murales que desde 1940 adornan el interior de este edificio que fuera un santuario Guadalupano, de acuerdo al escritor y especialista en arte, Justino Fernández Orozco (Forma e idea, Porrúa, 1974) constituyen la única obra mexicana con un sentido patriótico.

Los murales reducen los elementos humanos a conceptos fundamentales como la ferocidad, dramaticidad, dignidad, falsedad, maldad, religiosidad y otros que tienen qué ver con el origen criollo y mestizo:

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“No hay resentimientos ni evocaciones de culturas muertas, todos los conceptos están en la atmósfera vaga de la alegoría” cita el autor al referirse a la Alegoría de la Mexicanidad o Alegoría Mexicana como algunos autores llaman al mural del ábside de esta biblioteca.

 

En dicho mural Orozco hace surgir a su conjuro feroces panteras, nopales erizados de espinas, una dignísima y apocalíptica figura de mujer cabalgando un tigre, una especie de ángel desplumado, tres mujeres ridículas empuñando sendos fusiles, una águila gigantesca envuelta y casi asfixiada por una tremenda serpiente roja y señoreándolo todo, en lo alto, el pabellón nacional.

La distribución original de estos murales planteada por José Clemente Orozco y realizada en dos etapas, comienza en 1940 con la Alegoría sobre el acceso principal y complementa, iniciando por la izquierda con los murales de La masa, Fusilado, Combate y Las Acordadas, hasta llegar al ábside en que se encuentra la Alegoría Mexicana o de la Mexicanidad.

Para continuar, en el sentido de las manecillas del reloj, con Las fuerzas brutas, Fusilamiento, La masa y Después del Combate, lo que da un conjunto de diez representaciones de la visión particular de Clemente Orozco sobre el conflicto revolucionario.

 

El brillante muralista muestra a  los caballos que avanzan impetuosos sobre los cadáveres de los campesinos, la caída del General Alvírez durante su fusilamiento, la Patria cubriendo su cabeza con un rebozo rojo, montada sobre un tigre que avanza entre los nopales, los peones llevados a cuerda por la policía rural, los campesinos cayendo abatidos por las balas de la  milicia sobre fosas profundas, las masas obreras en pelea empuñando rojas banderas y los campos de batalla, donde la muerte se da el lujo de escoger los cuerpos que forman parte de esta casi película de la Revolución Mexicana.

Clemente y Cueva del Río

Si bien en los murales de Clemente Orozco se mezclaban las visiones del artista y Lázaro Cárdenas, más o menos por la misma fecha se comisionaba a Roberto Cueva del Río, otro muralista, para decorar los interiores del edificio principal de la Escuela Francisco I. Madero creada también por iniciativa de Lázaro Cárdenas y, también, con temas alusivos a la Revolución.

Sin embargo, Cueva del Río veía a la Revolución no cómo el tema central de lo que debería ser el México postrevolucionario, sino como el agente detonante de una nueva sociedad, de tal suerte que los contrastes entre ambas obras es más que evidente pues mientras Clemente Orozco guarda una imagen sombría y sangrienta de la guerra en sus trazos blancos negros y rojos para Cueva del Río parecieron no escatimar colores con las imágenes de un México con el campo totalmente tecnificado, una sociedad ordenada y montada en caballo de hacienda rumbo a la prosperidad.

Con sólo enunciar estos elementos cualquiera pensará que se trata de una obra, a lo sumo, de carácter popular, pues efectivamente para lograr con ellos una composición con resultados de primer orden necesitan ser manejados por un artista”, de acuerdo al académico y especialista en arte, Justino Fernández Orozco, Clemente logró hacerlo.

De hecho, entre la documentación del autor se muestra un fragmento de una carta que le dirigió Clemente Orozco en la que se externa el verdadero sentir del muralista respecto al encargo realizado en el municipio de Jiquilpan:

No importan las equivocaciones ni las exageraciones. Lo que vale es el valor de pensar en voz alta, decir las cosas tal como se sienten en el momento en que se dicen. Ser lo suficientemente temerario para proclamar lo que uno cree que es la verdad sin importar las consecuencias y caiga quien cayere. Si fuera uno a esperar a tener la verdad absoluta en la mano o sería uno un necio o se volvería uno mudo para siempre. El mundo se detendría en su marcha”.

En los ocho tableros laterales, escribe Justino Fernández, Clemente Orozco lleva al extremo su libertad y síntesis de expresión, liberado ya de los formalismos, ha dejado en éstos la mejor muestra de sus íntimos caprichos:

En Jiquilpan topamos con el momento en que Orozco alcanza otro máximo de sus propias expresiones; no hay ahí delicadezas de realismo sintéticos ni juegos de formas apretadas y circunscritas”.

Sobre los paneles laterales, realizados en blanco y negro contra el ábside y el paño de la puerta de entrada, el autor aduce se debió al sistema de iluminación natural con que cuenta el edificio, así como su uso.

Pasado histórico, presente turístico

El edificio en que se albergan estos murales inició su edificación en 1874 que se colocó la primera piedra y fue hasta el 12 de diciembre de 1920 que se dio su inauguración formal como Santuario de la Virgen de Guadalupe.

La Guerra Cristera de 1926 obligó a que el Santuario fuera cerrado al público y luego reabierto por un breve periodo. En 1934 el presidente de la República Abelardo Rodríguez convierte este inmueble en lo que se pretendía fuera la Biblioteca Pública más grande del estado.

Me es muy satisfactorio haber visto que la obra ha sido muy bien comprendida y gustada por muchos de los vecinos humildes de la población a quienes su curiosidad los lleva al interior para ver las pinturas mientras se hacía el trabajo” señala una carta enviada por el muralista al General Cárdenas.

Durante la realización de estos murales los vecinos del lugar entraban al recito a ver el desarrollo de su trabajo; entre estos visitantes, de acuerdo a algunos investigadores, se encontraba el político revolucionario ruso de origen judío Lyev Trótskiy (León Trotski), justo en el año de su muerte y la pintora Frida Kahlo Actualmente, ya se abierta o cerrada, la biblioteca pública Gabino Ortiz es uno de los sitios turísticos de mayor interés para los visitantes a Jiquilpan.